6.02.2009

peace will come to me

se iba a tratar de una historia de reencuentros, de miradas brillantes y tibios abrazos. cuenta sin embargo la crónica del descubrimiento e invención de algo nuevo.
Esto tiene que ver con la aceptación de la condición mortal, finita, el hecho único e irrepetible de la duración de una vida humana. Aquí la enseñanza esotérica es atractiva: somos parte de un proceso universal, cósmico, en nuestro corazón se condensan los principios pasivos y activos, la aspiración y expiración de la energía vital. Estas fuerzas nos atraviesan y conectan con el todo. No hay que perder de vista que la experiencia es una condición vinculada a la naturaleza y lo universal, en el sentido más abarcativo e inclusivo posible.
Pero la circunstancia acosa y doblega la atención hacia lo cotidiano, ése resultante de secuencias de actos, de la memoria (la estructura) que los conecta y de un futuro construido con la confianza que emana de la rutina del mundo. Las expectativas son inevitables porque forman parte constitutiva de la experiencia, y aunque no se plantean sólo como ideas o enunciados, es posible pensarlas y revisarlas críticamente. La idea de que las expectativas son la fuente del sufrimiento y que el camino hacia la verdad pasa por anularlas es ridícula.
La condición única de la vida deriva no sólo de la entidad móvil del cuerpo y la mente, sino también de su situación histórica y localizada. Las experiencias y pensamientos que componen la existencia tienen como horizonte a los límites de la temporalidad del cuerpo biológico, y también al conjunto de relaciones sentimentales, sociales y ecológicas que soportan la existencia.
En fin...
cuando se coloca en perspectiva la vida, cuando se la considera puramente como experiencia, se puede pensar al estilo mafalda: prefiero una canción de los beatles a un long play de los rolling. Después de escuchar lo último de Depeche, me pregunto sobre nuestra historia común, porque sospecho que hay algo mucho más común de lo que hasta ahora he creído en todo esto. Ya no se si prefiero una rola, varias o si no será mejor deshacerme de todas (como hice hace años con Mecano)... todo o nada, ahí está el mismo culo del saco de mi pequeña mente. Le hago un augero y paso las tres rolas que me encantan, melosas y poperas.
http://www.youtube.com/watch?v=BPrwjYrfVO4

3.24.2009

pic

3.02.2009

no perdono

a la muerte enamorada
a la vida desatenta
a la tierra, ni a la nada

la distancia enorme me oprime como si fuera una celda minúscula; estoy atrapado aquí lejos, tan lejos. la mente vaga entre recuerdos vagos, entre perfumes y abrazos infinitos que ya no se volverán a repetir... Me quedo con el último beso. Lo doblaré y guardaré entre mis costillas hasta que me toque a mi abrir todas las notas y cajas, dejar evaporar todas las lágrimas que haya quedado, devolver todas las sonrisas y repasar con todos los que llevo adentro tantas felicidades.
chau negra

1.26.2009

secuencia parcial



La imagen es la de un hombre amordazado y atado a una silla. Lenatamente la mirada gira alrededor de él. A momentos se fija en sus ojos, en sus manos, en su entrepierna congestionada de amarres. En algún momento el sujeto intenta desatarse, salir... ¿cómo lo puede hacer si las manos están atadas?

1.09.2009

2 pasos

1)
Traté de hacerme una cadena. Todavía siento retumbar los martillazos con los que no busqué forjar una nueva ventana sino un grillete que me retenga aquí donde estoy. ¿No es cierto que ahora me obligo a ver denuevo los árboles, a escuchar el ronrroneo de mi gato, a saborear el pan dulce y a perderme ideando amor futuro?
Hago una pausa.
Igual que las otras cadenas, ésta la hice para romperla porque las cadenas me repugnan. Y sin embargo ése es el tobogán espiral y viscoso por el que subía y me hundía. Forjar y romper, arder, martillar, clavar.
Hoy arriesgo un paso atrás.
Transmuto los eslabones negros en cintas blancas, rojas, púrpuras y verdes. Florece una selva en mi panza, oigo el coloquio de los pájaros, un corazón agita olas que llenan mis pulmones. Hay fuego en mis pies y aire en mis manos. Abrazo todo lo que me rodea disolviéndome.

2)
¿estás ahí o eres un reflejo? alargo la mano y encuentro las mismas piernas, los pies cuadrados, los brazos largos y el pecho firme de siempre. ¿no es mi mirada la que te da vida? ¿si volteo desapareceras? ¿qué quedará entonces?
Dicen que quieres acabar conmigo ¿podemos hablar, ponernos de acuerdo, pactar una tregua larguísima? Te ofrezco andar, ver y hacer muchísimas cosas. Soy buen compañero de viaje.
Do you really want to hurt me?

12.23.2008

touché

Levantó el brazo y dió un paso adelante hacia la sombra donde se agazapaba ese enemigo que no es más que un adefesio de pegotes, un frankenstein con garras y pies de plomo. A sabiendas de que sólo a la luz podría destruirlo, bajó la izquierda para animarlo a salir. Recibió de inmediato una estocada. Touché aulló triunfal la bestia. Sintió el acero al instante y se detuvo a sopesar la herida. Casi no salía sangre, pero supo que era profunda. De éso se trataba, una herida como tantas otras en su cuerpo que le habían ayudado a vencer. El breve momento sirvió para que el monstruo mostrara su faz deforme, seguro de que él caería al suelo esperando el golpe de gracia. Pero el ojo deforme se encontró con la guardia repuesta y un acero que desde la derecha cortaba la mano zurcida al brazo de palo. La herida había sido profunda, pero no mortal.

alquimia

La alquimia enseña que el proceso de trasmutación pasa por un destilar las fuerzas o potencias de las impurezas de la condición humana, de sus miserias. La piedra se consigue luego de un largo y dificultoso proceso de separación de lo mundano. En la alquimia, entonces, parece encontrarse ese fondo moral que por doquier resulta la clave de la condición divina. En el centro está el ser humano, un microcosmos consustancial al macrocosmos, el devenir constante de una tensión entre ambos que se traduce en sinnumero de tensiones duales, cuerpo-alma, idea-signo, 0-1, si-no. Sin embargo lo real es un tal vez permanente.

12.17.2008

¿conversión o revelación?

Un nuevo comienzo. Se trata de un cliché como muchos otros. Pero de algún lado se debe partir. Habrá clichés más sofisticados o imbrincados que este de un 'nuveo comienzo' podría ser algo así como la Vuelta de Sísifo u otro. El asunto es que se trata del impulso a romper y construir que no es nuevo sino más bien renovado. Y corrijo entonces, es un renovado comienzo. También podría funcionar la idea de dar vuelta la página, empezar en una hoja en blanco, como si la vida fuera un libro. Esto también lleva a aquello de borrón y cuenta nueva... la vida una suma de entradas y salidas, ganancias y pérdidas... ¿la muerte igual a cero? El problema aquí es que todo esto sirve tan solo en cuanto “conversión”. Existe mucha evidencia del poder de la conversión. Pero la conversión implica pérdida total. La memoria de lo pasado, de lo que se fué y se hizo, si es que permanece lo hace en forma negativa, ésas fueron las malas deciciones, los malos pasos, las malas compañías. Aunque en muchos casos sea la salvación del cuerpo, la conversión no funciona en todos. Allí donde lo que se es es tiene algún valor, aun cuando sea indescifrable, la conversión se dificulta. Pero, ¿en qué medida la conversión transforma lo profundo de la experiencia del ser y no se queda en un proceso de tipo ritual-traumático que ahoga o encierra al ser allá donde no puede hacer más daño? Aquí vale distinguir entre la conversión y la revelación, la primera como un hecho externo y la segunda como un proceso anclado en el propio ser. Lo externo aquí no está más allá del mundo; conversión y revelación no implican apariciones y llamados divinos, aún cuando puedan explicarse por medio de esos subterfugios. Lo externo se refiere a la forma y orientación de la voluntad transformadora. La conversión se trata de tomar y seguir una senda buena o verdadera según los principios (efectivos o percibidos) de los otros. La conversión tiene siempre un trasfondo moral, de juicio sobre los otros (entre los que se incluye al ser anterior a la conversión). Por eso la conversión implica siempre avandono, dejar el camino y los acompañantes.
La revelación en cambio es encontrar la ruta de los propios pasos, lo que se revela es el propio camino, sus alcances, su horizonte. En la revelación el ser entiende su circunstancia completamente, no sólo en términos de posición sino también de potencia trascendente: se revelan la multiplicidad de senderos que forman la ruta. El iluminado no avandona, sino que abraza y besa a quienes lo rodean.